Estamos viviendo en un entorno que muy pocas personas en el mundo eran conscientes que podría ocurrir. Las devastadoras consecuencias para la vida de las personas, tanto físicas como emocionales y económicas, hacen que estas situaciones puedan llegar a ser letales.

Y para una persona como yo, habituada a asesorar en gestión de riesgos, esta situación que vivimos me ha recordado algunas características de los riesgos más letales.

Son letales por dos causas: sus devastadoras consecuencias y  la invisibilidad del riesgo.

Cuando un riesgo es invisible es difícilmente detectable en las primeras fases de su acaecimiento, por lo que la respuesta y las medidas de prevención que tomamos para enfrentarnos a él llegan siempre algo tarde. En nuestro caso, no veíamos la rapidez de la propagación del virus del COVID-19 al no poder detectar en las primeras semanas quien estaba contagiado y quién no.

Otra característica de los riesgos letales es la variabilidad de su legalidad según el entorno en el que se producen.

Una mínima variación del entorno y un riesgo insignificante puede transformarse en un monstruo de difícil contención.

Esto es precisamente lo hemos visto con este virus, el cual puede ser destruido con agua y jabón al lavarnos las manos, mientras que si llega al interior de nuestro cuerpo, su virulencia es máxima, por lo que la gravedad de sus consecuencias depende de donde se materialice el hecho.

Otra característica de los riesgos letales es que se presentan con una cara amable, de tal forma que la percepción que tenemos de ellos no es tan mala como lo es en realidad. Recuerden que en un principio las autoridades en España nos dijeron que los síntomas del Coronavirus serían poco más que los de un resfriado o una gripe.

Es decir, tendemos a minusvalorar la probabilidad de que sucedan sucesos graves cuando partimos de una situación de normalidad en nuestra vida diaria.

El aprendizaje de esta batalla, que ya empezamos a ganar aún a costa de un gran dolor ocasionado por los miles de muertos y afectados, es que la prevención de riesgos debe ser algo que ha de formar parte en mayor medida en nuestras vidas, y que toda reacción a cualquier amenaza debe ser veloz y consistente, porque ante estos riesgos letales está en juego lo más preciado para todos nosotros: la vida.

Roberto Rodríguez Manzaneque

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